Ayer me acosté escuchando una noticia. El Partido Popular presenta una nueva imagen para su próximo congreso. Una nueva imagen que identifique sus valores.

El concepto elegido: una encina.

No se si se trata de algo puntual para el evento en concreto o si tiene un recorrido más largo. Da igual.
No quiero entrar a hacer una crítica al diseño. Que se podría, y seguro hay alguien ahora mismo redactando una. Lo que me llamó la atención no fue el resultado gráfico. Si no lo que vino después

La noticia cerraba, tras la explicación de rigor del porque del resultado gráfico (esto siempre deja muy tranquilo a quien no está muy seguro de lo que está hablando) con el gran valor añadido de que el diseño se había hecho en “casa” por un colaborador del partido, y ¡GRATIS!

Estoy seguro que hay algún diputado del partido que le encanta la cocina, y seguro que borda la paella cada domingo: ¿por qué no le encargamos el catering?

A lo mejor hay algún senador cinéfilo: porque no poner sus conocimientos sobre guión, montaje y dirección aprendidos viendo a Wilder, Scorsese o Spielberg al servicio del partido y que con su teléfono móvil grabe el vídeo del evento. ¡Gratis! también.

Me entristece ver que no entendemos el valor diseño, de la misma manera que no entenderos el arte. No, no estoy diciendo que el diseño sea arte. Son cosas completamente distintas. Lo que quiero decir es que cuando nos ponemos delante de un cuadro o una obra de arte que sea posterior al barroco, seguimos exclamando con orgullo cañí: “¡eso lo hace mi hijo de 5 años!” Esta exclamación llena de burla e ignorancia, traducida al diseño se convierte en una afirmación que dice: “yo tengo un sobrino que controla photoshop que podría hacérmelo”. Sin duda tenemos mucha más suerte que en el caso de los artístas. Se nos dan diez años de prorroga hasta llegar a la adolescencia para poder hacer nuestro trabajo.

No pensemos ahora política, ni en la percha que me ha traído hasta aquí.

Estamos en Europa, el primer mundo. Nuestro mercado es este. Un mercado exigente. Un mercado de altísima calidad. Donde la oferta es amplísima y las diferencias entre unos y otros son muy pocas; de matices. Es en esos matices en donde entra el diseño.

¿Cual es la diferencia entre el aceite español y el italiano? Su diseño de producto.
¿Cual es la diferencia entre un Seat y un Volkswagen? El diseño de marca país.
Diseño es una visión de conjunto, el establecimiento de unos objetivos, y la creación de unas imágenes que creen una emoción.

El diseño es un trabajo complejo. No por su dificultad sino por su amplitud.

  • Si el diseño, SÓLO embellece lo que toca. No es diseño es decoración.
  • Si el diseño, SÓLO comunica. No es diseño es periodismo.
  • Si el diseño, SÓLO emociona. No es diseño, es arte.
  • Si el diseño, SÓLO vende. No es diseño, es publicidad.

Por eso hacer una sola cosa es mirar al corto plazo. El valor del “diseño de marca” está en los resultados obtenidos a medio largo plazo. El “diseño de marca” tiene su mirada puesta en el horizonte para que lo que haga tu marca se entienda, guste, produzca reacciones y venda más.

El diseño no tiene porque ser caro. Pero merece ser valorado.